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Leí por ahí que la frase «no temas» aparece exactamente 365 veces en la Biblia, como si Dios hubiera repetido este consuelo una vez por cada día del año. Suena bonito, tierno y hasta poético; sin embargo, no es verdad. La expresión «no temas» no aparece 365 veces en las Escrituras. ¿Y sabes qué? ¡No necesitas que Dios te repita 365 veces algo para que sea significativo, verdadero y digno de confianza! Basta con que Dios nos diga una sola vez: «No temas, porque yo estoy contigo» (Isaías 41:10), para tener garantía suficiente de su cuidado y de su abrigo protector.
Nuestro problema no es que Dios haya hablado poco, sino que nosotros olvidamos con demasiada facilidad lo que ya nos ha dicho. Nos asustamos ante lo inesperado, nos angustiamos por lo que podría suceder y nos llenamos de temor frente a circunstancias que no podemos controlar. A veces sufrimos anticipadamente por problemas que todavía no existen, cargamos con responsabilidades que no nos corresponden y pretendemos resolver mañana con las fuerzas de hoy. ¡Qué agotador resulta intentar ocupar el lugar de la providencia divina!
El cuidado de Dios nos ayuda a lidiar con el miedo porque nos recuerda quién gobierna sobre aquello que nos atemoriza. Nuestra vida no está sometida al azar, nuestros días no están a merced de la suerte y nuestro futuro no depende de nuestra capacidad para anticipar todos los acontecimientos. Nuestro Padre celestial conoce nuestras necesidades, escucha nuestras oraciones y gobierna soberanamente todas las cosas para el bien de quienes le aman (Romanos 8:28). Por eso, podemos llevar nuestras preocupaciones delante de Él, presentando nuestras peticiones con oración y acción de gracias, confiando en que su paz guardará nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:6-7).
No confundamos, sin embargo, el amparo de Dios con un placebo religioso ni con una dosis de optimismo sentimental. No se trata de repetirnos que todo saldrá bien, cerrar los ojos ante la realidad o convencernos de que somos suficientemente fuertes para soportarlo todo. ¡Nuestra esperanza no está en nuestra fortaleza emocional, sino en la fidelidad del Dios todopoderoso! Su protección es una realidad sustentada en sus promesas, su providencia y su inmutable carácter. Él nos guarda, nos sostiene y nos hace vivir confiados, incluso cuando las circunstancias no son favorables y nuestras emociones parecen desbordarse.
Por supuesto, esto no significa que nunca experimentaremos ansiedad o temor. Significa que no tenemos que permitir que esas emociones gobiernen nuestra vida. Podemos reconocer nuestras debilidades, buscar ayuda sabia, tomar decisiones responsables y, sobre todo, aprender a echar nuestra ansiedad sobre el Señor, porque Él tiene cuidado de nosotros (1 Pedro 5:7).
Así que, cuando el miedo toque a nuestra puerta, recordemos quién habita nuestro refugio. Cuando la incertidumbre nos robe la tranquilidad, recordemos quién sostiene nuestro futuro. Y cuando la ansiedad nos haga sentir desprotegidos, volvamos a las promesas de Aquel que nunca duerme ni se descuida de los suyos (Salmo 121:3-4).
No necesitamos 365 recordatorios para confiar en Dios; necesitamos creer en el Dios que permanece fiel los 365 días del año. Su palabra es suficiente, su poder es infinito y su cuidado es constante.
No temas. El Altísimo te abriga. No porque el mundo sea seguro, sino porque tu Dios es soberano; no porque tengas el control de tu vida, sino porque estás en las manos de quien gobierna todas las cosas. ¡Podemos descansar: nuestro Padre celestial no ha perdido el control ni por un instante!





