
Hechos 29: El Poder que lo Cambia Todo
¿Y si la historia de la iglesia primitiva no fuera un capítulo terminado, sino una historia viva que todavía estamos escribiendo hoy? Esa es la pregunta provocadora que está en el corazón de este mensaje, que nos invita a abrir el libro de Hechos no como un relato histórico del pasado, sino como una catedral inacabada que todavía está en construcción. A partir de Hechos 1 y 2, recordamos que el mismo Espíritu que descendió sobre 120 personas comunes reunidas en un mismo lugar es el mismo poder que está disponible para nosotros hoy. La ascensión de Jesús no fue un final, sino una coronación; y la promesa que dejó no estaba destinada solo para unos pocos, sino para todos los que se reunieran, esperaran y creyeran. La geografía que Jesús traza en Hechos 1:8, comenzando en Jerusalén y extendiéndose hasta los confines de la tierra, no es simplemente un mapa del primer siglo. Es el plan que nos muestra cómo somos llamados a vivir como testigos en nuestros propios vecindarios, ciudades y más allá. Somos desafiados a hacernos una pregunta difícil, pero necesaria: ¿de dónde estamos obteniendo el poder para hacer aquello que Dios nos ha llamado a hacer? Nuestras fuerzas humanas se agotan. La promesa del Espíritu no.
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