

La romana
**ACÓLITOS DEL TERROR…** Hay lugares a los que uno regresa sin saber que, en realidad, nunca ha dejado de pertenecerles. Cuando la necesidad obliga a un hombre a hacerse cargo de la vieja carnicería de sus padres, también le obliga a enfrentarse a una herencia mucho más antigua que las paredes del negocio. Una tradición que se repite año tras año. Una celebración que no figura en ningún calendario de santos. Y una responsabilidad que, durante generaciones, ha recaído siempre sobre el mismo oficio. Porque cuando llega la festividad mayor del pueblo, hay algo que debe cumplirse. Una medida exacta. Un peso que no puede ser ni mayor ni menor. Y para comprobarlo existe una vieja pesa que lleva demasiado tiempo apartada de cualquier uso. **La romana.** Pero hay tradiciones que no se conservan por respeto al pasado. Se conservan porque alguien tiene que seguir alimentándolas. Esta noche, acólitos, abrimos de nuevo las puertas de una carnicería donde quizá sea mejor no preguntar qué se está pesando… ni para quién. **Bienvenidos a “La Romana”.**


















