Skip to content
Artwork for Escríbeme pronto
Society & CultureComedyImprov

Escríbeme pronto

Jennifer McNamara

¿Necesitas desconectarte de la ajetreada vida diaria? Siéntate: con mini-reseñas, un cuento y una reflexión sobre temas actuales podrás tomar aire más a gusto. Cortesía de una escritora que ama las malas ideas.

geeknifer.substack.com
Play
  • 21 episodes
  • Avg 8 min
  • Spanish
Counted on this page — what you have heard stays on this device, so it is not something the list can be paged by.
  • Sep 17, 2025 · 15 min

    Agujeros de conejo digitales (y reales)

    ¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón de arriba 👆🏼 Si quieres vivir la experiencia que tuvo Alicia cuando se cayó en el agujero de conejo y llegó al país de las maravillas, sólo es cosa de que abras una ventana de un explorador de Internet y te pongas a saltar de hipervínculo en hipervínculo. Link tras link acabarás llegando a la profundidad de la psique humana moderna. ¿Y te digo una cosa? A veces da miedo. El tema de lo inquietante en Internet me apasiona y por eso te llevaré por algunos de mis recorridos favoritos en forma de carta digital. Acércate un café, té, cerveza o lo que quieras, que hoy esta carta está para leerla o escucharla en paz. En el menú de hoy hay: * Una reflexión 💭 sobre lo inquietante en Internet * Un producto 📰 indispensable si eres hablante de español (o mexicano). * Una recomendación 💡 para creadores y escritores en Internet. Aviso parroquial: En un accidente feliz resulta que alguien se refirió a esta carta como mi “podcast de los miércoles”. Dando a entender que No recomiendo llega los jueves (algo que ha pasado por accidente, no porque lo hubiera planeado así). Así que ahora habrá Escríbeme pronto en miércoles quincenal y No recomiendo los jueves quincenal. Empecemos… “Tú y tus pinches canciones raras”, dijo mi hermanita la última vez que se subió a mi coche. Traía yo puesta una rolita rusa que habla de aplicaciones digitales que producen dolor y tiene fuerte contenido sexual. Pero como está en ruso, nadie se da cuenta. ¿Cómo la descubrí? Bueno, gracias a lo social en Internet, o sea, con personas reales compartiendo una misma computadora. En los albores del internet, habían experiencias sociales alrededor de sus primeros productos, como hemos hecho siempre con algo que produce contenido para consumirse. Me refiero al fino arte de juntarse alrededor de una fogata a escuchar historias. Experiencia que digievolucionó en escuchar la radio en grupo. Ya sea para enterarse de cómo iba la guerra, o más para acá, poner La Corneta en W-Radio para hacer enojar a la fresa de la oficina. Muchos de nosotros todavía tenemos o sabemos de la experiencia tribal que conllevaba tener una tele en casa. La familia se juntaba a presenciar un programa de cualquier tipo. Mi mamá, mis hermanitos y yo teníamos una en la cocina y la hora de la comida era cuando se compartía la caricatura del momento con nuestros comentarios idiotas de fondo. Pero no todo son historias bonitas y caricaturas. No sé si en español haya una palabra similar a la alemana unheimlich. Que se usa para referirse a una experiencia que es entre familiar y aterrorizante. Cuando sabes que algo no está exactamente bien en algo que debería estar bien. Mis experiencias favoritas en Internet tienen que ver con eso. Recuerdo el día en que mi hermanito llegó a mi lado y vaya usted a saber por qué agujero de conejo se metió —uno que seguro tenía que ver con los Happy Tree Friends— pero me recomendó una serie británica animada, rarísima, llamada Salad Fingers. Nos pusimos a verla juntos. Fue una revelación. Yo habré tenido como unos 13 años y mi hermano 10. Los episodios eran raros, atractivos y morbosos. El personaje principal se llama Salad Fingers y es una especie de criatura humanoide masoquista que parece vivir en un mundo post-apocalípitico. La serie trata temas como la muerte (incluyendo la autoinfligida e infligida a otros, si entiendes a lo que me refiero); contiene bastantes referencias sexuales y… no sé, provocaban algo inquietante. Pero maravilloso. A mis 13 años entendí que la humanidad no siempre tiene que mostrarte su mejor cara para juzgarla de maravillosa. Como la música siempre fue lo mío, Salad Fingers me llevó al este. Quién diría que las alianzas británico-rusas se darían por agujeros de Internet y no sólo para acabar con los alemanes. Entre que me sentía medio darks en esos tiempos y que veía cosas raras, en YouTube me aparecieron videos de un animador llamado Kol Belov. El primero que vi fue un video musical de un grupo llamado Theatre of Poison. Veinte años después todavía traigo la canción en el coche recordando doctores de la peste negros con fondo rojo. Kol Belov tiene también animaciones sobre mafiosos en Marte sufriendo un desastre tipo Chernobyl, de unas criaturas extrañas pariendo y sobre situaciones que prefiero ni nombrar pero que tienen que ver con falos y que por algún agujero legal YouTube no ha retirado. ...Y hoy nos espantamos porque las nuevas generaciones vean inodoros y cámaras de seguridad en Skidibi Toilets. Otras animaciones espantosas hechas por oootro ruso loquito, pero más modernas. En los tiempos en los que veía estos videos de Kol Belov, también empecé a tener algo de fe por la democratización del contenido en Internet. Porque lo mismo veía animaciones flash del italiano Bruno Bozzetto en Peor es nada punto com; que guardaba los guiones completos en mi cabeza de “sistema vampisec”, tributos un tanto misóginos de village people y, si me das cuerda, canto “hola, soy un ladrón, soy un matón, soy un ases… ¡soy Menem!”. Nota al margen uno: Oficialmente mi madurez se basa en saber qué fue Elcerebro.com. Nota al margen dos: Por supuesto que a mis 13 años yo no tenía ni idea de quién rayos era Carlos Menem. En fin, me estoy desviando. Decía yo que sí hay un componente social en Internet. Dicho componente también me llevó a leer y compartir creepypastas. En palabras llanas estas son leyendas urbanas de internet, una joya de la ficción contemporánea. Mismas que leía yo en voz alta a mis amigas, todas con pelos de punta, haciendo mis pininos de locución. En esos años de secundaria, ellas y yo moríamos de miedo con videos estúpidos de supuestos fantasmas. Nos juntábamos cinco o seis sobre la computadora. Un par de adolescentes en dos sillas, las demás hincadas y paradas en una mesa de madera. La mayoría de las veces eran videos cualquiera en los que espantaban al final con un grito y la foto de la niña de El exorcista. Todavía tengo la imagen de una amiga que se cayó abierta de piernas, porque estaba sentada en la mesa y resbaló, mostrando sus bonitos calzones a la audiencia de chamacas, porque traíamos la falda de la escuela. Iba a decir que esa fue mi primera aproximación al terror, pero no me refiero a mi amiga tirada en el suelo abierta de patas (saluditos, Dani), sino a los creepypastas que leíamos según que para tranquilizarnos. Mi favorito hasta la fecha es el de los 12 sonidos, que venía con dos archivos de audio. ESO era narrativa transmedia y no payasadas: un texto acompañado de dos archivos mp3. La idea de esta leyenda urbana es que si oyes uno de los doce sonidos sin oír el sonido número ocho, se te aparecen cosas. Claro que no se te aparece nada. Aunque yo, por las dudas, sí escuché el ocho. Este recuento anecdótico es sólo para recordar que los seres humanos podemos producir obra, porque claro que todo esto que menciono son productos culturales, que rayan en lo inquietante y que dan algo de emoción extraña consumirla. En retrospectiva, ¿debí consumir este contenido con la edad que tenía en aquel entonces? ¿Me preocupa lo que ven los menores de edad hoy? Mdeh. Creo que hay riesgos más feítos en Internet que mirar animaciones que dan miedo o que te producen piel de gallina porque sabes que hay algo raro. Hoy me parece más grave el ciberacoso que incluye instar a alguien a arrebatarse la vida. Eso da más miedo que una figura humanoide diciendo que las cucharas oxidadas se sienten padre. Pero bueno, Internet es el lugar donde las maravillas suceden… No siempre de la manera en la que esperamos las maravillas. El problema de estudiar Internet es que todo sucede demasiado rápido. Por eso los grandes estudios sobre la red van con bastante atraso. La academia es más lenta que el caballo del malo y para cuando por fin se da cuenta de qué pasó en la primavera árabe, la cosa ya está muerta y con varios cambios de gobierno de por medio. Por tanto, siempre he sido fan de las publicaciones de periodistas que discuten Internet. Porque ellos no necesit… This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit geeknifer.substack.com

Showing 21–21 of 21 episodes