

Belleza mortal a la deriva
Durante siglos, el océano ha sido un territorio de misterio. Los antiguos marineros miraban el horizonte y encontraban en él criaturas que parecían llegadas de otro mundo. Monstruos marinos, islas que aparecían y desaparecían, luces bajo las aguas… El mar alimentaba leyendas porque nadie conocía realmente todos sus secretos. Y entre esas maravillas estaba, y sigue estando, la carabela portuguesa. Flotando a merced del viento, con su pequeña vela azulada sobre la superficie, parece casi una embarcación diminuta perdida en un océano infinito. Quizá por eso recibió ese nombre: por recordar a las antiguas carabelas que surcaron los mares en busca de tierras desconocidas. Pero su historia es mucho más antigua que cualquier mapa. Mientras los hombres levantaban imperios, descubrían continentes y escribían sus historias, la carabela portuguesa continuaba haciendo lo mismo que hace millones de años: dejarse llevar por las corrientes, esperar al viento y recorrer silenciosamente el océano, y entre tanto llegar a nuestras costas asturianas. Hoy sabemos mucho más sobre ella. Sabemos que no es exactamente un solo animal, sino una colonia de organismos que dependen unos de otros para sobrevivir. Conocer su secreto no le quita misterio, así que, cuando volvamos a mirar el mar, pensemos en todo aquello que no vemos. Porque bajo cada ola hay una historia que comenzó mucho antes que la nuestra.


















