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Artwork for Upstanders
Upstanders · August 1 · 36 min

Ulises Schmill

A inicios de febrero de 2026 concreté una entrevista con Ulises Schmill Ordóñez. Durante una llamada telefónica breve y cordial, don Ulises me dijo que me recibiría en su domicilio la semana siguiente. Colgué y, casi de manera automática, bajé al primer piso del edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde se encuentran los retratos de quienes han integrado nuestro máximo tribunal del país. El cuadro de Schmill se encontraba a la mitad del pasillo. Debajo aparecían los años de su encargo como ministro y el periodo en el que presidió el tribunal: 1991-1994, justo previo a la gran reforma constitucional impulsada por Ernesto Zedillo. Decidí tomarle una fotografía. Mientras lo hacía, una trabajadora de la Corte que caminaba por ahí se detuvo y me preguntó con genuina curiosidad: —¿Y él qué hizo? La pregunta me sorprendió más de lo que esperaba. Le expliqué que Ulises Schmill había sido el último ministro presidente de la Suprema Corte antes de la reforma judicial de 1994; que había encauzado al Poder Judicial Federal en unode los momentos más delicados de su transformación institucional; y que, además, era uno de los juristas mexicanos más importantes de la segunda mitad del siglo XX, discípulo intelectual de Hans Kelsen y una de las principales voces del positivismo jurídico en México. La mujer me escuchó con atención. Nunca había oído hablar de él. Mientras subía de nuevo las escaleras de la Corte, pensé que aquella escena decía algo revelador sobre la cultura jurídica mexicana. Incluso dentro del propio Poder Judicial, el nombre de uno de sus antiguos presidentes podía pasar casi desapercibido. Y, sin embargo, Schmill había ocupado unlugar singular dentro de la historia intelectual y judicial del país. La presente entrevista tuvo lugar días después. En ese momento resultaba imposible anticipar que terminaría convirtiéndose en la última que concedería. La conversación, por momentos, parece desplazarse entre la teoría jurídica, la memoria política y la confesión personal. Schmill hablaba con la misma intensidad de Beethoven, de Platón o de la manera en laque opera el Poder Judicial mexicano. Quizá ahí residía buena parte de su singularidad intelectual. Tras la noticia de su fallecimiento, he decidido hacer pública esta conversación como un pequeño homenaje a su memoria. No pretende ser una biografía intelectual exhaustiva ni una reconstrucción completa de su trayectoria. Aspira, más bien, a acercar al lector a la persona detrás del cargo, al académico detrás de los libros y al ser humano detrás de una de las figuras más importantes del pensamiento jurídico mexicano contemporáneo. Los mexicanos deberían conocer quién fue Ulises Schmill.No sólo porque presidió la Suprema Corte o porque introdujo a generaciones de juristas al pensamiento de Kelsen. También porque dedicó su vida a reflexionar sobre algunos de los problemas más profundos de la convivencia humana: el poder, la libertad, la obediencia, la justicia y la democracia.

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A inicios de febrero de 2026 concreté una entrevista con Ulises Schmill Ordóñez. Durante una llamada telefónica breve y cordial, don Ulises me dijo que me recibiría en su domicilio la semana siguiente. Colgué y, casi de manera automática, bajé al primer piso del edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde se encuentran los retratos de quienes han integrado nuestro máximo tribunal del país.

El cuadro de Schmill se encontraba a la mitad del pasillo. Debajo aparecían los años de su encargo como ministro y el periodo en el que presidió el tribunal: 1991-1994, justo previo a la gran reforma constitucional impulsada por Ernesto Zedillo.

Decidí tomarle una fotografía. Mientras lo hacía, una trabajadora de la Corte que caminaba por ahí se detuvo y me preguntó con genuina curiosidad:

—¿Y él qué hizo?

La pregunta me sorprendió más de lo que esperaba. Le expliqué que Ulises Schmill había sido el último ministro presidente de la Suprema Corte antes de la reforma judicial de 1994; que había encauzado al Poder Judicial Federal en unode los momentos más delicados de su transformación institucional; y que, además, era uno de los juristas mexicanos más importantes de la segunda mitad del siglo XX, discípulo intelectual de Hans Kelsen y una de las principales voces del positivismo jurídico en México.

La mujer me escuchó con atención. Nunca había oído hablar de él. Mientras subía de nuevo las escaleras de la Corte, pensé que aquella escena decía algo revelador sobre la cultura jurídica mexicana. Incluso dentro del propio Poder Judicial, el nombre de uno de sus antiguos presidentes podía pasar casi desapercibido. Y, sin embargo, Schmill había ocupado unlugar singular dentro de la historia intelectual y judicial del país.

La presente entrevista tuvo lugar días después. En ese momento resultaba imposible anticipar que terminaría convirtiéndose en la última que concedería. La conversación, por momentos, parece desplazarse entre la teoría jurídica, la memoria política y la confesión personal. Schmill hablaba con la misma intensidad de Beethoven, de Platón o de la manera en laque opera el Poder Judicial mexicano. Quizá ahí residía buena parte de su singularidad intelectual.

Tras la noticia de su fallecimiento, he decidido hacer pública esta conversación como un pequeño homenaje a su memoria. No pretende ser una biografía intelectual exhaustiva ni una reconstrucción completa de su trayectoria. Aspira, más bien, a acercar al lector a la persona detrás del cargo, al académico detrás de los libros y al ser humano detrás de una de las figuras más importantes del pensamiento jurídico mexicano contemporáneo.

Los mexicanos deberían conocer quién fue Ulises Schmill.No sólo porque presidió la Suprema Corte o porque introdujo a generaciones de juristas al pensamiento de Kelsen. También porque dedicó su vida a reflexionar sobre algunos de los problemas más profundos de la convivencia humana: el poder, la libertad, la obediencia, la justicia y la democracia.