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A veces Dios permite la derrota para mostrarnos que Él es la verdadera victoria, no el resultado. Hoy puedes estar frustrado porque tu relación no funciona, porque tu familia no te entiende, o porque sientes que has fracasado en ese proyecto. La pregunta no es “¿Cuándo saldré de esto?”. La pregunta es: “¿Para qué estoy pasando por esto?”


