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En este vigésimo tercer episodio de la serie Mi amigo, el Espíritu Santo, basado en Hechos 8:1-8, reflexionamos en cómo Dios utiliza las circunstancias más difíciles para expandir su mensaje. Descubre por qué la fe no nos prohíbe llorar en el dolor, cómo Dios usa aquello que no elegimos vivir para sembrar propósitos de bendición, y cómo cualquier creyente puede ser un testigo lleno del Espíritu.