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Tres horas al día pensando en qué vas a comer. No es un plan de menú: es un síntoma.
En MetaVida llevamos tiempo desmontando mitos, pero hoy el mito es "cuanto más sano, mejor". Y lo ponemos a prueba con dos trastornos que comparten la misma trampa: la ortorexia y la vigorexia. En ambos, un objetivo legítimo —comer bien, cuidar el cuerpo— se convierte en una obsesión que destruye exactamente lo que pretendía proteger.
Aquí no hay suplementos ni promesas de longevidad. Hay una paradoja incómoda: la búsqueda obsesiva de pureza alimentaria conduce a deficiencias nutricionales graves, y la persecución de la musculatura perfecta pasa por esteroides que dañan hígado, riñón y eje endocrino. Y hay una frase de un especialista que no vas a olvidar.
También entra en juego lo que las redes sociales están haciendo con la línea entre cuidarse y obsesionarse, por qué el DSM-5 no reconoce la ortorexia como diagnóstico, y cuál es el eje real del tratamiento (spoiler: no es la dieta).
En este episodio: ortorexia, vigorexia y dismorfia muscular, la paradoja de la "comida sana", el papel de las redes sociales, la falta de consenso diagnóstico y por qué la intervención psicológica es el centro de cualquier abordaje que funcione.






