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Hay algo poderoso en reconocer: «No tengo todo bajo control». Ahí empieza la sanidad y dependencia real de Dios. Confiar en Él no es solo correr cuando duele, es rendir tu vida, tus planes y tus emociones a Su verdad.

Hay algo poderoso en reconocer: «No tengo todo bajo control». Ahí empieza la sanidad y dependencia real de Dios. Confiar en Él no es solo correr cuando duele, es rendir tu vida, tus planes y tus emociones a Su verdad.