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A nadie le gusta el silencio; es incómodo, porque la vida a diario nos lleva a no estarlo, pero Dios, a través de su palabra, nos invita a estar quietos y en silencio en su presencia.

A nadie le gusta el silencio; es incómodo, porque la vida a diario nos lleva a no estarlo, pero Dios, a través de su palabra, nos invita a estar quietos y en silencio en su presencia.