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TEXTO BÍBLICO: 1 Samuel 18.1-4; 20.16-17, 32-34, 42; 2 Samuel 1.26-27; 21.7
TEXTO ÁUREO: 1 Samuel 20.42
«Jonatán dijo entonces a David: «Vete en paz, porque ambos hemos jurado en nombre de Jehová, diciendo: "Que Jehová esté entre tú y yo, entre tu descendencia y mi descendencia, para siempre"». Se levantó David y se fue; y Jonatán volvió a la ciudad».
Pocas historias en toda la Escritura tienen la riqueza humana, espiritual y teológica que encontramos en la amistad de Jonatán y David. Es una historia que ha sido admirada a lo largo de siglos, pero también profundamente malinterpretada en nuestros días. Por eso, antes de entrar al texto, es importante que nos situemos bien. El contexto que da origen a esta amistad no es casual. En 1 Samuel 17, David acaba de hacer algo que ningún soldado del ejército de Israel se atrevió a hacer: salir a enfrentar a Goliat. No lo hizo por ambición ni por buscar fama. Lo hizo porque el gigante filisteo estaba insultando al pueblo de Dios y al nombre de Jehová, y eso David no podía tolerarlo. Fue un acto de fidelidad: fidelidad a Dios y fidelidad al pueblo al que pertenecía.
OBJETIVOS
Destacar que:
- Nuestra capacidad de ser fieles a Dios y con el prójimo se origina y crece mediante el conocimiento del amor y la justicia de Dios.
- Ser infiel causa daño en todas las relaciones humanas y surge de sentimientos de inferioridad e inseguridad causados por la falta de fe en Dios y de una pobre estima propia.
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