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¿Y si el problema no es que los niños vayan despacio, sino que los adultos siempre vamos con prisa?
Mientras nosotros miramos el reloj, ellos se detienen a observar una hormiga, recoger una piedra o descubrir algo nuevo por el camino. Para ellos, el tiempo se vive; para nosotros, muchas veces, se mide.
En este episodio hablamos de cómo perciben el tiempo los niños, de cómo nuestras agendas y nuestras prisas chocan con sus ritmos y de lo difícil que puede ser encontrar un punto de encuentro entre dos formas tan distintas de habitar el tiempo.
Porque quizá no necesitan aprender a ir más deprisa, sino que nosotros aprendamos, de vez en cuando, a bajar el ritmo. 🌿


