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En este Viernes de Oración Maná nos acercamos a Dios con humildad, reconociendo que no dependemos de nuestros méritos, sino de su infinita misericordia. A partir del Salmo 123, la parábola del fariseo y el publicano y la perseverancia de la mujer cananea, esta oración nos enseña a levantar la mirada al Señor, permanecer firmes aun cuando la respuesta parezca tardar y confiar en su autoridad sobre cada necesidad. Presente delante de Dios su familia, salud, proyectos y peticiones, y permita que este tiempo renueve su fe, rinda todo orgullo y le recuerde que el corazón contrito y humillado nunca es despreciado por Él.






