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Antes de salir a enfrentar el día, hagamos una pausa a los pies de Jesús. Hoy oramos para entregarle nuestras cargas, reconocer las palabras que han herido y pedirle que gobierne nuestro corazón con su amor y mansedumbre. Como María, queremos escoger lo más importante: escuchar al Señor y descansar en su presencia.
Oremos por nuestras familias, por quienes necesitan nuevas fuerzas, por la salud y por la provisión de cada hogar. No tenemos que fingir que podemos con todo. Acerquémonos a Dios con sinceridad y pidámosle sabiduría para vivir este día con palabras que edifiquen y un corazón dispuesto a obedecer.





