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Con frecuencia hablamos de nuestra vida, familia, tiempo, salud, talentos y posesiones como si nos pertenecieran para siempre. Sin embargo, a partir del Salmo 49, Génesis 2 y Eclesiastés 5, este devocional nos recuerda que no somos propietarios absolutos, sino administradores temporales de todo lo que Dios ha puesto en nuestras manos. Descubra cómo esta verdad transforma nuestra manera de trabajar, disfrutar, servir y relacionarnos con las personas que amamos. Permita que esta enseñanza le ayude a recibir cada regalo con gratitud, administrarlo con sabiduría y vivir consciente de que un día rendiremos cuentas al verdadero Dueño de todo.





