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Vivimos en un mundo donde las circunstancias, las generaciones, las ciudades y aun nuestra propia vida cambian constantemente, pero Dios permanece para siempre. A partir del Salmo 145 y otros pasajes de las Escrituras, este devocional nos recuerda que imperios, gobernantes y generaciones pasan, mientras el señorío de Dios continúa firme a través de todos los tiempos. En medio de la incertidumbre y de situaciones que pueden sacudir nuestra seguridad, descubra por qué nuestra esperanza no descansa en aquello que permanece temporalmente, sino en el Dios vivo que sigue gobernando la historia. Permita que esta enseñanza fortalezca su fe y renueve también su compromiso de transmitir a las próximas generaciones el testimonio de las obras, los milagros y la fidelidad de Dios.






