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En la adoración á Dios, no basta con sentir: es indispensable entender lo que se canta. La alabanza no es solo emoción, sino un vehículo para enseñar y preservar la verdad doctrinal. "La palabra de Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos á los otros con salmos é himnos y canciones espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Señor." Tanto la letra como la música deben ser examinadas con discernimiento espiritual: el desorden y la confusión doctrinal no honran al Creador. "Empero háganse todas las cosas decorosamente y con orden." Cantar con entendimiento es un acto de obediencia. Aseguremos que nuestra música edifique la iglesia y comunique fielmente la Palabra de Dios.