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Jacob luchó con Dios hasta quedar herido, pero cuando entendió con quién estaba peleando, tomó una decisión: “No te dejaré ir hasta que me bendigas.” — Génesis 32:26
A veces, las luchas más difíciles de nuestra vida no son una señal para alejarnos de Dios, sino una invitación a aferrarnos más a Él.
Jacob no soltó. Y su perseverancia marcó un antes y un después en su vida.
🔥 Cuando todo te diga que te rindas, no sueltes a Dios.
Quizás esta lucha no llegó para destruirte, sino para prepararte para lo que Dios quiere hacer en ti.
Aférrate. Persevera. No lo sueltes.